
Como decíamos ayer...
Parafraseando la célebre intervención de Fray Luis de León en su retorno de los infiernos inquisitoriales a la anfibia Salamanca, quiero retomar este vetusto y polvoriento blog, que si bien gracias al .com, la faena de quitarle el polvo pasó a formar parte de una nostálgica tradición.
Pues bien, me encuentro en las tierras áridas y frías de la soleada Dinamarca en pro de mi concienzuda búsqueda de un universo paralelo a la sociedad mesetaria que tanto me fascina, y a bien cierto que un resquicio esperanzador asoma por la ranura de la puerta....
Sin comerlo ni beberlo, encontrósome mi persona viajando hacia la ciudad capitolina, que no por capital dejó de ser isla, y me encontré, tonto de mi, con Chrisitiania...
Me sorprendió, por la motivación detrás de esta suceso social y por su, hasta el momento, desconocida existencia (obvio reflejo de mi estupidez cultural...).
Pero Chrisitania, ya no era como solía ser, allá en los años 70 cuando nació.
Esta comuna surgió de la vorágine reaccionaria (como de Pancho Villa se tratara) de la época y de la concepción de que el rumbo societario había seguido una línea equivocada a lo largo de la historia. Bonita presunción que nos haría a todos menos lobos...
Impacta la convergencia de valores conseguida por un grupo de personas fervosamente creyentes (curiosa paradoja) en la bondad humana (pobres infelices, permítanme la expresión). Pero definitivamente, lo consiguieron. Realizaron el sueño de cualquier socialista utópico en un ambiente en el que estaría cómodo hasta el mismísimo Owen y Bob Mareley a la vez (curiosa combinación, por cierto). La ciudad se autogestionaba fundamentada en unos valores y ética de fraternidad y amor, dónde las personas se autogestionaban y se autocensuraban en pro de un bien común, como si el individuo en sí perdiera importancia en favor de la comunidad. Las normas sociales convencionales no servían y emergían nuevas concepciones comunitarias de los idearios imperantes. Vive y deja vivir, haz el amor y no la guerra... frases de sobra trilladas sirvieron de sustento para la nueva estructura social basada en el personalismo, conceptuado como el individuo gestiona a su propio ser.
Pero todo eso ya cambió. Lo que en su momento asombró a todo el mundo ahora se ha convertido en un burdo suburbio con fecha de caducidad... Nada nuevo en el horizonte... Si esa generación de idealistas no fueron capaces de inculcar esos valores que les movieron a intentar crear una sociedad, a su parecer, mas acorde con la naturaleza humana, ¿quien podrá?
Christiania se marchita como margarita danesa en febrero (hecho aun por comprobar, lo de la margarita digo...). Y da que pensar. Porque a lo mejor Christiania era simplemente la respuesta a una corriente, a una infinitésima parte de la historia de la humanidad y no tenia un trasfondo sólido donde asentarse, es decir, contravenía la naturaleza humana.
Así pues, el decaimiento de la ciudad utópica nos deja un claro mensaje, el hombre sigue siendo más lobo que nunca ( y la mujer también, que aqui o todos moros o todos cristianos) y quien quiera seguir engañado en pensar lo contrario, nada a contracorriente de su propio ser. Ahí es nada...
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